domingo, 1 de julio de 2012

Capitulo Uno—Medianoche de lobos y vampiros


Narrador omnisciente: 
 
 Llego La Hora

Bill dio un gran salto desde la planta de abajo, hasta llegar al tejado, Gustav observaba o más bien percibía todo desde aquel lugar. Tenía los ojos cerrados y se concentraba en lo que ocurría cerca de ahí. Miro a ver de reojo a su hermano cuando se acercaba con todas las intenciones de jugarle una broma.
— ¿Cuándo dejaras de ser infantil?
— ¿Y tu cuando dejaras de ser tan amargado?—Los dos se miraron y después su vista se fijo en una ventana en especial.
Desde ese lugar podían percibir como su corazón bombea sangre, como respiraba suavemente, como circulaba su sangre en cada rincón de su frágil cuerpo.
—Ya se despertó.
—Ya me di cuenta… ¿Cómo te fue en la caza?
—Bien, un ciervo y una prostituta.
— ¿Aun sigues bebiendo sangre humana? Espero que no dejes rastro alguno de la caza de humanos.
—No te preocupes, no hay rastro alguno. —Gustav observo todo lo que Estela hacia. Como se preparaba para su último día de clase, había terminado la preparatoria con excelentes calificaciones. Ahora solo faltaban algunas semanas para la ceremonia de graduación. Bill se parto a lado de su hermano y miraron a la pequeña alistarse.
—Ha llegado la hora.
— ¿De verdad?
—Hoy hablaremos con Aranza. Y probablemente nos las llevaremos después de su graduación. Esperaremos a que ella no esté en la casa.
— ¿Qué le vamos a decir?
—Aun no lo sé pero es hora ya, han pasado muchos años.
—Creció hermosa.
—sin duda alguna, por primera vez en mucho tiempo estamos de acuerdo en algo.

—Abuela ya me voy—Se escucho antes de que la chica a pareciera en la calle, iba vestida con el uniforme y cerró la puerta. Antes de que su abuela le contestara. Camino por la calle y cuando desapareció ambos saltaron del tejado.
Gustav toco la puerta varias veces antes de que la abuela de Estela le abriera la puerta. La señora no se asusto al ver a los dos chicos, retrocedió un poco y les hizo una seña con el rostro para que pasaran.
—Siéntense.
—No pretendemos quedarnos mucho tiempo, solo te venimos a avisar que ya tienes que ir preparando a Estela, nos la llevaremos pronto.
—No creí que fuera así de pronto.
—Pero ya lo sabías, así que hazlo que tengas que hacer.
Como bien dijeron no pretendían quedarse mucho tiempo, solo eso fue lo que hicieron un aviso, un tonto aviso que pronto se cumpliría.

—Hola Tom—Estela se sentó a lado de Tom, a él le desagradaba mucho Estela pero por órdenes superiores tenía que estar cerca de ella, su objetivo era matarla, matarla y acabar con ella.
—Hola Estela.
— ¿Qué vas a hacer después de la graduación?
—Aun no lo sé, pero no creo seguir estudiando, sabes que detesto eso de estudiar.
—Si estoy hablando contigo Tom.
— ¿Qué vas a hacer tu Estela?
—Me tomare un año sabático, si solo será un año.
—Valla que bien.

Tom la observo y se quedo callado sin decir nada, definitivamente no le gustaba estar cerca de ella. Lo odiaba por completo. Estela lo miro y le dedico una sonrisa.
Tom no sabía con certeza si ella era un vampiro o un humano, nunca lo supo estaba un poco confundido con ese tema, miro a ver a uno de sus amigos para buscar una salida y no estar cerca de ella.
—Ahora vengo.
—Claro—Tom se levanto y se sentó a lado de uno de sus amigos, fingiendo que platicaban, pero no solo no quería estar al lado de ella. Últimamente él la habían encontrado muy bonita y no le gustaba aquella situación.

Habían pasado diecisiete años desde que Estela nació, desde que su padre fue acecinado. Desde que el principal motivo de la existencia de sus hermanos fue cuidarla, solo eso cuidarla. Estela era una niña o al menos trataba de ser una niña normal, pero nunca puso ser lo suficientemente normal.
Durante toda su niñez vivió atormentada por sueños y pesadilla, en donde era perseguida por lobos y vampiros, nunca supo que significaba eso, nunca supo que era lo que las sombras le querían decir, nunca supo porque se sentía observada. Por que cuando era pequeña se le antojaba mucho la sangre de su abuela, tampoco se explicaba cómo era que estaba más alerta que todos, tenía unos reflejos muy bien desarrollados. Era eso algo extraño para ella, después de mucho tiempo aun le daba miedo la obscuridad.
—Abuela—Al llegar a casa se topo con un silencio fúnebre, sepulcral. Ella miro a todos lados al no obtener respuesta.
—Estoy en la cocina Estela.
—Ah está bien, estaré en mi habitación.

Por: Estela
Al llegar de la escuela lo primero que hice fue bañarme y después bajar por algo de comer y regrese a mi habitación. Decidí ver la televisión y me quede acostada en mi cama.
Pasaba los canales sin encontrar nada bueno, me quede acostada y mire a la ventana después creí ver a alguien en el árbol, me acerque y no había nadie, una correntada de aire me tomo por sorpresa y mejor cerré la ventana y me quede mirándola.
Siempre me ocurría que era eso, nunca pude esconder mi temor ante la media noche y antes la obscuridad, toda mi niñez, no sabía porque motivo todas las noches desde que recuerdo una voz me hablaba en sueños.
“Estela ha llegado la hora”
Jamás entendí aquello, pero en las noches cuando me despertaba creía haber visto a una hermosa persona de ojos rojos, piel muy blanca en mi habitación, aunque después cuando encendía la luz a no había nadie. Siempre cerraba las ventanas y siempre amanecían abiertas.
Mi abuela jamás me pudo explicar porque cuando tenía cinco años se me antojaba la sangre humada, y tampoco me pudo explicar cómo murieron mis hermanos, mi padre y mi madre, no tenía nada de ellos. No sabía cuál era mi origen, solo sabía que había llegado la hora y tampoco sabía la hora de que había llegado. Mire fijamente a la ventana y suspire frustrada, me quería ir de esa ciudad, quería ver si así las pesadillas cesaban. Aunque no fuera así no me gustaba estar en Alemania, a lo mejor era eso. No quería estar ahí.

Me quede dormida sin darme cuenta de aquello, pero no me culpaba después de todo el ultimo día de clase era el más pesado, Tom había dicho que no quería seguir estudiando yo en cambio me daría un años sabático. Ese chico me caí muy bien era un poco extraño ya que perdía el control con facilidad era del tipo de chicos que siempre tenían problemas con otros chicos. Incluso debo de aceptar que me gustaba mucho.

—Abuela, perdón sé que me quede dormida, lo siento es que estoy muy cansada—De seguro mi abuela ya había cenado, y yo no la acompañe, pero ella me comprendía. — ¿Abuela?—La casa se escuchaba muy tranquila, llena de calma. — ¿Abuela?— camine hasta llegar al pie de las escaleras y mire a todos lados, la luz de la sala estaba un encendida. Mire el reloj de la cocina, pasaban de a media noche, no puedo creer que dormí tanto. —Abuela—Me encamine a la sala y descubrí algo que jamás me había imaginado, me quede congelada ante tal escena, una sensación de peligro invadió todo mi cuerpo eso sin contar el miedo que estaba sintiendo en ese preciso momento.
—Hola. Estela—Un hombre alto, su piel era blanca, su cabello muy rubio sujetaba a mi abuela muerta, su boca tenía sangre y apenas y la despego del cuello de mi abuela. —Vamos no tengas miedo. Me llamo Andreas—Soltó el cuerpo de mi abuela y cayó al pie del sofá. —Pero tú me puedes decir Andy. —Mi mente aun no procesaba aquello. Y seguía sin decir nada. En la planta de arriba se escuchaba un tremendo alboroto. —Amanda— ¿Había otra? ¿Qué debía hacer? ¿Salir corriendo por mi vida? Eso era lo que quería pero no podía. —Eres como imagine, hermosa tal y como el cuento de ese tipo. —Se acerco a mí y retrocedí apenas un centímetro de él.
Lo observaba sin quitar de mi mente que en la parte de arriba había otro como él. Se acerco mucho más hasta quedar justo enfrente de mí. Y todos y cada uno de mis sentidos se paralizo en el momento en que tomo mi rostro entre sus manos frías como el hielo. Aspiro del olor de mi cabello.
—Y hueles delicioso, a pesar de no ser humana el cien por ciento— ¿A qué se refería con eso?—No sé qué sería lo más conveniente. Si beber de tu sangre o…
—O dejarla de una vez—Se escucho una voz más, no era femenina era una voz masculina que provenía de la sala, y entonces su identidad quedo revelada de entre las sobras, era el ángel con el que siempre había soñado. El hombre cuyo nombre era Andreas/Andy soltó con suavidad  mi rostro y miro a ver al otro hombre que se nos había unido.
—Eres tan inoportuno Bill.
—Déjala—Lo miro a ver dándome la espalda y entonces sentí una correntada de aire más fuerte y alguien estaba de pie detrás de mí, me tomo de las manos y me quede mas inmóvil, su tacto era como el de Andy. Frio.
—Lárgate de aquí, sabes que no dejaremos que te la lleves, menos que la mates. —La voz provenía muy cerca de mí. Aun seguía sin reaccionar.
—Vamos—Una voz femenina y suave se escucho. — Están asustando a la niña—trate de buscarla pero me fue imposible. —Saben que la queremos y si es necesario los mataremos para llevárnosla.
—Bill—No me di cuenta a qué hora llego hasta nosotros, me tomo de la mano y tampoco note cuando salimos por la puerta de la cocina. Me jalo obligándome a correr y a reaccionar.
— ¿Quién eres tú? ¿Y mi abuela?
—Ahora no hay tiempo, no te preocupes te lo explicare. Cierra tus ojos.
— ¿Por qué?
—Solo hazlo.

...








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